Hong Kong: Una Ciudad Al Borde

Hong Kong: Una Ciudad Al Borde
October 05
16:16 2016

Hong Kong: una ciudad al borde. ¿Qué ha ido mal en “La Perla del Oriente”?

A lo largo de muchas decenas después del año 1949 Hong Kong conocida como “La Perla del Oriente” había sido un objeto de envidia por parte de China continental debido a su florecimiento y libertad. Y no es de asombrarse, porque en aquel entonces Hong Kong era para los chinos el mayor refugio de hambre y desorden político.


Hong Kong provoca dobles sentimientos en seno de China continental, por haber sido colonia británica durante cerca de 100 años. Cuando volvió bajo la jurisdicción de Pekín el 1 de julio de 1997, esa página humilladora se borró por completo de la historia del país. El regreso de Hong Kong contribuyó en mucho al alcance económico de la Republica Popular. La decena de un increíble desarrollo después del 1997 transformó a China en la segunda economía y la nación más comerciante del mundo. Pekín, Shanghái y Cantón rápidamente se convirtieron en regionales centros financieros e industriales, cuya prosperidad, al parecer, compite a la de Hong Kong.

La enonomía de Hong Kong, que es uno de los “cuatro tigres asiáticos” hizo un alto vuelo en los sesenta, y se debía en mucho a la China empobrecida y reclusa. Hasta que el país llevó a cabo las reformas del 1978 y se volvió más abierto, así que por muchos años después, Hong Kong funcionó como un centro intermediario de la importación y exportación china de primera importancia. Fue el “agente” clave de la interacción económica de China con el mundo exterior.

¿Qué es lo que se torna mal en Hong Kong?

Pero esa situación ventajosa para Hong Kong no duró mucho. Cuando China llegó a ser un centro económico, el desarrollo de la economía hongkonesa se puso a retardar. Por ejemplo, a fines de los noventa, la moda, música y el cine del hermano menor dominó en el mercado del país reunificado. Mientras que hoy la mayoría de los chinos prefiere productos de moda provenientes de Hollywood, Seoul o Tokyo.

Al mismo tiempo, los prósperos años de posguerra junto con las instituciones políticas y jurídicas  del modelo británico, inculcaron en los hongkoneses un acusado sentimiento de superioridad respecto a sus hermanos de a través de la frontera. La proseridad se fue, pero el acento de superioridad se quedó. Sin embargo, ahora millones de turistas chinos invaden la menuda isla anualmente y de este modo la bien arraigada posición se pone en tela de juicio y disminuye.

Otro resultado del influjo de turistas chinos es el encarecimiento de la vivienda, y lo hongkoneses se desplazan de las áreas centrales de su propia ciudad.

En el mismo tiempo que un habitante estadístico de Hong Kong lucha por pagar su alquiler mensual, un estadístico turista chino parece poseer suficiente moneda para sentirse cómodo y tranquilo. El viejo modo de vivir desaparece de la ciudad, llegan nuevos estandartes, aunque los locales no quieren o no tienen la posibilidad de adaptarse a ellos. Debida al movimiento “Ocupen el centro” y los recientes disturbios, la Hong Kong de hoy parece una ciudad al borde.

El puerto de aroma, como lo llaman en China, hoy huele a desilusionado, indignado y exasperado.

Muchos hongkoneses acusan a Pekín de haber creado la situación actual. Es de admitir que la capital había prometido reformar, por ejemplo, el sistema electoral. Pero el centro y la China continental ha jugado un papel decisivo en originar numerosos problemas para la población local, como el crecimiento catastrófico del alquiler y la caída de salarios.

Parece que Hong Kong es otro ejemplo de cómo el vencedor se lo lleva todo, primeramente porque los polítcos locales y la élite de business han vuelto las espaldas a los habitantes comunes, enriqueciendo a los ricos, y empobreciendo a los pobres. Debido a la crisis financiera mundial, los vencedores ganan aún más y los vencidos lo pierden todo. Por eso, tal vez, a los hongkoneses les valga la pena más prestar atención y hacer responder a los funcionarios y la élite local, que apuntar el dedo a Pekín.

Hay quienes puedan objetar que sin el derecho electoral general y la competición de partidos, no es obtenible la responsabilidad de políticos, por consiguiente, es Pekín que es la culpable de los problemas de Hong Kong. Pero, sí que la responsabilidad es posible. Eso pasa, por ejemplo, en China misma. Por otro lado, pueden haber elecciones competitivas sin rendición de cuentas (como en los Estados Unidos).

Es punto de interés que los sectores clave de las existentes instituciones políticas son reguladas por el derecho británico, y la población local parece contenta de eso. No es de asombrarse que algunos chinos acusan a los agitadores radicales en Hong Kong de traición y de perpetuación del yugo colonial. Por otro lado, según una opinión experta, el régimen chino rígidamente controla Hong Kong y resiste a otorgarle el derecho electoral general por interés púramente económico:

Las élites de China mayor tienen grandes intereses en Hong Kong y si no pueden manejarla y si a la gente ahí se garantiza la democracia y la libertad completa, los privilegios de las élites se hacen humo. Es una de las razones del estricto control por parte de Pekín.

¿Qué le espera a “La Perla del Oriente”?

En efecto, ¿qué está esperando a esa joya? Cualquiera que ha estado ahí va a screen-shot-2016-09-13-at-17-34-41confirmar que las calles de Hong Kong están rellenas de tiendas de artículos de cosmética, electrónica, farmacéutica o los de lujo. Sin embargo, resulta que la mayor parte de estos no se produce en Hong Kong misma. En eso radica el talón de Aquiles de Hong Kong: no tiene la esencial base industrial ni la competitiva industria informativa.

Lo que sí que está desarrollado en Hong Kong es el sector de servicios, pero la industria provee un trabajo poco remunerable: alimentación, comercio al por menor, turismo, etcétera. Para reanimar la economía y redistribuir los medios equitativamente, Hong Kong necesita algo más grande que la cínica menoría voceadora y siempre discontenta de algo.

Aunque los días de oro de “La Perla del Oriente” pueden acabarse, la subida de China no significa la caída de las posiciones de Hong Kong.

A fin de cuentas, son demasiado entrelazadas geográficamente, económicamente y culturalmente para tener destinos principalmente diferentes. Al mismo tiempo, a los líderes pekineses se les plantea una cuestión incómoda pero importante: ¿por qué China se pone cada vez menos atractiva a los hongkoneses? Hacer la vista gorda a ella significa rechazar la posibilidad de hacer la isla una parte efectivamente inalienable de China.

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Pedro Goncalves

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